XVII Congreso de Antropología en Colombia

  • Fecha de publicación: 15/11/2018
  • Fecha de modificación: 15/11/2018

En un artículo de 2010, The Guardian cita una reconocida frase de Margaret Mead a propósito de la relevancia de la antropología en el mundo contemporáneo: “Nunca dudes que un pequeño grupo de ciudadanos pensantes y comprometidos pueden cambiar el mundo. De hecho, son los únicos que lo han logrado.” A principios de siglo, esta fe en el oficio parecía suficiente para creer que con el crecimiento exponencial de programas de pregrado y posgrado en antropología, por lo menos en el panorama nacional, los antropólogos se encontrarían en una mejor posición no sólo para “cambiar el mundo,” sino también para encontrar más oportunidades laborales desde dónde hacer posible este sueño. Casi una década después, la realidad no parece tan esperanzadora. Aunque ha habido una ampliación y diversificación de la oferta laboral, la antropología en Colombia no ha escapado a los profundos efectos de la desregulación en la mayoría de las sociedades liberales, ni tampoco su multiplicación en programas y egresados parece haberle permitido superar la marginalidad académica y política de la disciplina, o la posible integración de sus practicantes en las voces institucionalizadas del establecimiento académico y la burocracia estatal, o de las ONG.

Por un lado, si bien la estabilidad laboral no fue una constante para los pioneros de la disciplina en el país, ni tampoco para la mayoría de las generaciones que los siguieron, la precariedad del trabajo académico y la fragilidad de la relación contractual se han convertido en temas discutidos entre antropólogos en el nivel nacional, e internacional. En conferencias de asociaciones de antropología y en la formación curricular de muchos programas, cada vez es más frecuente encontrar talleres o cursos sobre las posibilidades de trabajo para los antropólogos por fuera de la academia o de los ámbitos investigativos. Bajo estas condiciones, el trabajo antropológico a profundidad y de largo aliento es cada vez menos posible, lo cual condiciona el tipo de saber que finalmente la disciplina puede ofrecer a la sociedad. Al tiempo que se han ido transformando los campos laborales, también han ido mutando los sujetos con los que tradicionalmente trabajaba la antropología. El tránsito hacia la ‘profesionalización’/‘burocratización’ del liderazgo político de organizaciones y movimientos sociales, el papel de las ONG en la ‘gestión de lo social’, la tercerización de lo público y la cooptación de los liderazgos de base social, por mencionar sólo algunos aspectos, ameritan también especial atención. A ello se podrían sumar los procesos de empoderamiento político y jurídico de organizaciones sociales, y el aumento de intelectuales con formación académica que pertenecen a estos colectivos, lo que hace que la distancia entre ‘el académico’ y las organizaciones se haya transformado progresivamente.

Por otra parte, a pesar de la ampliación para el ejercicio profesional propiciada por la constitución de 1991, el lugar de la antropología en los espacios de opinión pública, y en los espacios de toma de decisiones ha sido más bien marginal. La centralidad que muchos esperaban que tomara la disciplina en debates de gran impacto como la discriminación y la desigualdad, o el conflicto armado y los acuerdos de tierras, e incluso en discusiones en torno a la llamada ‘ideología de género’, por mencionar sólo algunos de los temas que han marcado la agenda nacional recientemente, ha sido limitada. El trabajo antropológico llevado a cabo bajo el auspicio del Estado o de la empresa privada, y el cerramiento teórico propiciado por las políticas de la identidad, las consultas previas, las ‘etnografías exprés’, las prospecciones arqueológicas, entre otros, han llevado a que la antropología experimente una creciente tensión entre el oficio y la disciplina. En términos de las dinámicas más ‘académicas’, es clave mencionar el papel de las políticas de ciencia y tecnología en la mercantilización de la producción académica, y en el afán de productividad asociado a la demanda de puntos salariales. Este tipo de elementos resultan claves para comprender cómo las aspiraciones de la disciplina son moldeadas, cada vez más, en términos de un mercado laboral creciente y al margen de la autonomía académica y el compromiso político.


Información tomada de: http://www.icesi.edu.co/congreso-antropologia/


Ciudad: Cali, Colombia
Fecha máxima de envío de resumen: 28/02/2019
Fecha del evento: De 11/06/2019 a 14/06/2019
Fecha de publicación de propuestas aceptadas: 15/04/2019
Envío permanente de resumen: SI
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